GLORIA FUERTES

Por Alfonso Rodríguez Sapiña


Si ustedes quieren comenzar a leer poesía y no saben por dónde empezar; aquí entre nosotros, en la Península, la respuesta es fácil: Gloria Fuertes. Y a su vez si quieren leer a Gloria Fuertes y no saben por dónde empezar; han editado un libro bellísimo en Blackie Books. De escribirlo y montarlo se ha encargado un escritor de mi generación: Jorge Cascante.

Han editado otros libros. Uno imprescindible: “Obras incompletas”, de la autora que nos ocupa…

…conforme leo algunos poemas y ojeo estos libros, me vienen recuerdos de la niñez, incluso de algún programa (infantil o no) en que ella participó.

Gloria Fuertes fue una niña de procedencia muy humilde. Ya de pequeña fantaseaba y creaba historias. Le pilló la guerra, como dice la canción. Se enamoró de una “yanquee”, dio clases en una universidad de los Estados Unidos, ganándose la simpatía de sus alumnos. Qudó muy sola cuando murió su pareja. Dedicó su vida a la poesía.

¡GLORIA A GLORIA FUERTES!
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Mujeres que pintan estrellas

Por Berta Echániz Martínez


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El Coaching

Últimamente el término “coaching” se ha cruzado, de diferentes modos, delante de mí. Cursos de coaching, vídeos de coaching, Albert Rivera hablando del coaching y una novela, La Gran Ola, en la que un coach es el personaje principal. Quizá el universo esté conspirando para decirme algo, o quizá sea pura casualidad, pero demasiada como para no intentar averiguar qué esconde esa palabreja tan de moda.

Hasta donde sé, el coaching no es una disciplina que se imparta en universidades u otras instituciones oficiales, aunque seguramente en este momento esté intentando legitimarse buscando apoyo institucional. Pero, de momento, coaching es lo que digan los autoproclamados coaches. Y de éstos hay para todos los gustos, desde los que entienden el coaching como una forma de vida (signifique esto lo que signifique), los que quieren hacer del mundo un lugar mejor, los que quieren convertirte en la reencarnación del Lobo del Wall Street, los que te quieren vaciar los bolsillos… Unos son grafólogos, otros pedagogos, otros psicólogos, otros entepreneurs, otros cantamañanas… Y además, hay coaching para todos los gustos: el empresarial, el educativo, el que te hace mejor persona, el que te entrena las emociones y hasta el que te ayuda a ligar, convirtiéndote en un auténtico fucker.
Todas esas vertientes del coaching tienen algo en común: va destinado al individuo, a cada personita. Y eso está bien en un mundo ideal, porque la motivación es importante, como también lo es desarrollar las potencialidades de cada uno. Pero claro, no vivimos en el país feliz, la calle de la gominola, ni en la casa de la piruleta, por mucho que Mr. Wonderful y demás partidarios de la dictadura de “lo cuqui”, pretendan teñir nuestras vidas de color pastel y dibujos empalagosos. No, las relaciones sociales son algo más complejas que todo eso.

En general, el mensaje del coaching, se reduce a señalar y encarar como individuales problemas que son sociales. Es decir, si hay recortes en los derechos laborales, tu curro es una mierda y te pagan con Risketos, la propuesta del coach sería afrontar esa situación con “inteligencia emocional” con “resiliencia” o con “optimismo”. Si el banco te quiere echar de tu casa, nada de organizarse en plataformas poco cool, sino que deberías aprovechar esta nueva oportunidad que te brinda el destino para “reinventarte” y tomar las riendas de tu vida. Todo muy racional.

Además, todo ese contenido suele aparecer en forma de mensajes facilones, frases de autoayuda baratas, presentaciones de power point melifluas, mierdas motivacionales y mantras de poco fuste, tipo: Las 5 As de la felicidad (Amor, Amistad, Abrazos, Aceptación y Autoconocimiento).
En definitiva, parece que el coaching ofrece poco más que una mezcla de intentar soluciones individuales a problemas colectivos, muy al gusto de los adoradores de Margaret Thatcher que gobiernan en la actualidad, y una resignación cristiana al estilo del Santo Job, pero con pretensiones.
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La justicia y la lucha de clases, ¡várgame el señor!

Por Miguel Ángel Viso Camenforte.

Yo no sé si Spain it’s different, pero sí sé que en tema de justicia deja mucho que desear. Los temas de corrupción son tantos y tan sucios en estos tiempos de crisis, que sonrojan y avergüenzan a cualquiera con un mínimo de decencia. Entre estos casos, destaca el de NOOS por su vinculación con la familia real.

El veredicto que tanto tiempo ha tardado en llegar es… desconcertante. Resulta que la Infanta es culpable, porque tiene que pagar 265.000 euros, por algo será. Pero no pisará la cárcel. Hacienda y la Justicia son iguales para todos menos para los Borbones, y no es algo nuevo, la Historia lo demuestra. Se conoce que con no saber o no tener constancia de nada, sales de rositas de un juicio. Eso sí, si eres una anciana que firmaste preferentes, era tu deber tener conocimientos económicos y financieros.
Parece que el yernísimo sí entrará en el talego. Algo es algo, dirán algunos. Pero cuando la sentencia le condena a poco más de 6 años de cárcel en lugar de 19 como pedía la Fiscalía, la cosa cambia. Su millonaria corrupción tiene un castigo parecido a gastar 80 euros con una tarjeta falsa, o a participar en un piquete sindical.

Decía Carlos Lesmes, presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, que la ley procesal española está hecha para el robagallinas, y así es. La justicia española forma parte de la superestructura del sistema capitalista en el que se manifiesta la lucha de clases. Los engranajes funcionan simultáneamente y en ocasiones se manifiestan sin tapujos, como cuando el gobernador del Banco de España, Luís María Linde, recomienda retrasar la edad de jubilación más allá de 67 años, y hacerse planes privados de pensiones porque en realidad, para la oligarquía que representa, ni siquiera el limitado estado del bienestar español le parece bien.

Tiempos duros estos que nos toca vivir en los que ser rapero, titiritero o twittear según qué cosas, pueden convertirte en una amenaza mayor que los saqueadores que esquilman España generación tras generación . ¡Várgame el señor!
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Lo que escondían sus ojos. Una serie para el olvido

Por Berta Echániz Martínez.




"Los crímenes que escondían  sus ojos" de Carlos Hernández, en eldiario.es (23/11/2016)
"Banalizar la historia del franquismo" de Shlomo Vasov, en Periódico Diagonoal (23/11/2016)
"Si los españoles terminaron en Mauthausen fue gracias al cuñadísimo Serrano Súñer" de Carlos Hernández, en el diario.es (20/12/2016)

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La vitrina

Por Miguel Ángel Viso Camenforte

“Que bonitos son los vasos que nunca se usan”, pensó Justa mientras escudriñaba la vieja vitrina verde. Acababa de entrar en la casa de su infancia, de sentir el olor a madera del antiguo portón tras girar dos vueltas la enorme llave de hierro en la cerradura. No tardó ni dos segundos en abrir las dos hojas de la ventana del salón y quedó inmóvil observando el polvo que pululaba en el ambiente bañado por la inesperada claridad del sol. Al lado estaba la vitrina, donde siempre, con sus verdes patas de madera, los verdes cajones con dorados tiradores redondos, sujetando en lo alto la cristalera que guardaba la vajilla y la cubertería buenas. Y comenzó a recordar…
De sus cuarenta y cinco años de vida, llevaba treinta y siete fuera de aquellas paredes. Su último recuerdo de la ciudad está empañado en lágrimas, dolor y miedo. Desde el abarrotado carguero Stanbrook, se despedía sin quererlo de su madre, la cual, desde el puerto, le lanzaba con las manos los últimos besos salados, hasta que se perdió el barco en la inmensidad del mar. Nunca más supo de ella. Tres años antes había perdido a su padre. Perderlo no significaba que estuviera muerto, simplemente que no estaba, como si la tierra se lo hubiera tragado de la noche a la mañana. Un día su padre dejó de habitar la casa y las tierras de alrededor. Su sombra, como el recuerdo, seguía allí cuidando a la familia y guiando el camino, pero ya no habría más besos de esos que rascaban con la barba la cara de Justa, ni abrazos que llenasen los vacíos profundos del alma. De Enrique, tampoco se volvió a saber.
Justa analizaba el interior de la vitrina. Una caja de mixtos con el escudo del Hércules, con la que Enrique encendía el fuego para cocinar; una estampa de la Santa Faz a la que Marina, la madre, encomendaba protección divina para su familia; y como no, un cartel de 1936 que año tras año renovaba la vecina María con los números del sorteo de los iguales[1], listado con el que Justa jugaba a memorizar con el resto de niños de la calle. Cerró los ojos en señal de concentración y en voz baja trató de recordar: “el 1, el galant; el 2, el sol; el 3, el xiquet…”. Mordió su labio inferior, abrió los ojos y negaba levemente con la cabeza al rememorar aquellos momentos de juego y vitalidad en el vecindario.
En medio de todo esto, una vida de treinta y siete años en Moscú. Una vida de treinta y siete años parece corta, pero según en qué circunstancias puede convertirse en una eternidad. Los primeros años fueron difíciles, no los más duros. El Stanbrook le enseñó el azul lapislázuli del Mediterráneo y la similitud de las ciudades que pueblan sus costas. De Orán solo recuerda la silueta de los edificios más altos y los destellos del sol en la orilla. No llegó a poner pie en tierra firme ya que, en el mismo puerto, otro barco se encargó de llevarla a la lejana Rusia. La niña Justa se sentía temerosa y encerrada en aquella residencia de blancos muros y jardines congelados. Sus necesidades físicas estaban cubiertas. Nunca le faltó un plato de comida caliente a medio día ni un colchón al anochecer, incluso compartía el tiempo con otros niños de España con los cuales podía comunicarse sin sentirse una extraña. Sin embargo, hay necesidades que nunca fueron paliadas. El paso de niña a mujer sin un segundo de transición, las emociones que necesitan ser contadas a unos oídos de confianza o la revolución que sufrió su cuerpo sin el cariño materno, la mimetizaron con el clima continental, se hizo fría como un bosque helado. Pero debajo de la escarcha latía la nostalgia de las raíces arrancadas.
Le costó hacerse con el idioma, sin embargo, una vez aprendido, pudo ejercer como intérprete en una escuela municipal. Entonces llegó Antón, un joven moscovita enamorado que pareció reverdecer el espíritu de Justa, pero pronto volverían las nubes negras, al verse incapacitado para procrear. Fue un obstáculo para desarrollarles como pareja feliz. Siempre gravitó su relación en torno a la maldición, como así lo veía Antón, enfadado con su sino que lo convertía en el protagonista de una ópera extremadamente dramática con el peor de los finales. Antón, que no podía crear vida, decidió arrebatarse la suya propia y entregarla a las espesas aguas del río Moscova.
La última fase en Rusia estuvo marcada por la soledad. Vivía de alquiler sola, pasaba miedo sola, caminaba sola por las calles mientras hacía sola la compra y, lo peor de todo, dormía sola. A pesar de la tristeza y frustración que transmitía Antón, le echaba de menos. Todas las noches se acostaba de lado en su parte de la cama, mirando y acariciando la ausencia en el lado de la cama de Antón. Le gustaba verlo dormir y mover las yemas de los dedos por su pecho. Las tres personas más importantes de su vida habían desaparecido de formas perversas: su padre de súbito, su madre en la lejanía del horizonte borrándose como una pesadilla al despertar, y su marido después de una larga depresión. Ya nada la ataba a Moscú y entonces llegó 1976.
Justa regresaba a casa movida por un impulso interno, algo indescriptible pero imposible de obviar. Sentía que estaba escrito, que su destino la empujaba a recuperar una vida anterior que durante décadas parecía acabada. Llegó a la ciudad, la vio cambiada pero idéntica en lo esencial. Su barrio le traía los recuerdos más felices, se veía de niña en las niñas que ahora saltaban a la comba. Los geranios en las ventanas olían igual. La vecina de su portal, la señora María, no podía creerlo. La reconoció al instante. Mantenía la costumbre de sacar una silla a la acera para hacer ganchillo. Cuando Justa se fue, María tenía cuarenta y nueve años. Ahora era una anciana de ochenta y seis, canosa y arrugada, pero conservaba un brillo especial en los ojos, la luz de las personas que tienen el espíritu joven y limpio. La señora María le dio un pañuelo que envolvía la llave de su casa y llegó el momento de entrar.
Ensimismada en el recuerdo, Justa volvió en sí al escuchar el ruido de un cartón que alguien desde la calle introdujo por debajo de la puerta. Lo recogió con recelo. Entonces comenzó a reír. El cartel con las terminaciones del sorteo de los ciegos de 1976. Se apresuró a colocarlo en la vitrina al lado del otro. Los pestillos ofrecieron una ligera resistencia pero finalmente cedieron. Justa permaneció mucho tiempo ojeando las dos fechas. Cerraba los ojos con fuerza y susurraba: “el 4, el llit… el 16, la guitarra… el 26, el pollastre… el 41, el negre… el 50, el cartutx… el 63, la paella… el 71, el mestre… el 88, les mamelles… el 94, la rata… el 96, l’Esplanada… el 99, l’agonia”. No quiso contar el último, el 00, porque todavía le quedaba mucho por vivir. Llenó un cubo de agua en la fuente que seguía en mitad de su calle y comenzó a baldear el portal. La señora María la observaba por encima de las gafas, sin dejar de tejer. Justa ya era otra, acababa de atravesar un túnel de casi cuarenta años. Ahora era capaz de mirar al pasado y comprenderlo todo, de darse las respuestas a las preguntas que la vida no le había formulado. Era una mujer plena. Y 1976 un buen momento para perderle el miedo al fascismo.
[1] Este es el nombre que recibía, en la zona de Levante, el sorteo de los ciegos antes de la creación de la actual ONCE en 1938.
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Joder, cuánto papel para tan poco

Por Alfonso Rodríguez Sapiña

¿En qué jodido momento se les ocurrió coger el lápiz –o la pluma- a los poetas de mi generación? Nietzsche sublimó sus afectos por Lou Andrea Salomé en un largo poema de amor, cuando ella le rechazó: Así habló Zaratustra… y así evitó la locura el filósofo. No quiero dar por sentado que todo poeta debe haber sentido un fuerte fracaso amoroso: hay poetas felices, joviales que sonríen y contagian estos fabulosos estados de ánimo. Lo que yo pretendo es simplemente ofrecer mi opinión a los amantes de la poesía: la mayoría de poetas vivos facturan inofensivos versos, ingeniosos como mucho; y cuando no es así, cuando sorprenden es la más de las veces en un contexto narcisista, de auto-reivindicación explícita o implícita, desmesurada.
Quiero decir que no hay esa locura genuina que fermenta, fermentaba, en las obras de Juan Gelman o Leopoldo María Panero. ¿Poetas vivos? Sólo me atrevo a nombrar con todas las de la ley a Jorge Riechmann y Enrique Falcón, autores cuya búsqueda ya es de por sí encomiable.
¿En qué jodido momento se les ocurrió pensar que por tener un sentimiento “grande” su poesía iba a serlo también?
¿En qué jodido momento trasladaron su pseudo-auto-análisis a un lenguaje lírico?
¿En qué jodido momento pudieron sentir empatía sin alcanzar la crítica necesaria?
¿Y la auto-crítica “así sin elaborar”?
Tengamos en cuenta que el estilo más reconocible de Bukowski es el de su madurez/vejez… si alguien lo imita en su juventud el resultado será ridículo, las más de las veces.
Tengamos en cuenta que la Unión Soviética dejó de existir entre 1989 y 1991. Esto implica para los jóvenes poetas que, como para cualquier otra persona, “el comunismo ha dejado de estar de moda”. Aunque hay muchas luchas que despuntan en el mundo
la cantinela para muchos, incluso para los que luchan y forman parte de movimientos de masas es que “el comunismo ha dejado de estar de moda”. Esto implica dentro del marco de la poesía joven en el territorio español a) desafección a toda política, b) compromiso amplio c) compromisos específicos. Los poetas de mi generación practican una poesía de tipo “a”, sobre todo…
…ideológicamente confusa… ¿alcanza la poesía joven un nivel formal interesante? ¿obtiene una propuesta estética que no nos deje indiferentes, que nos arranque un simple “qué bueno”?
Es algo complicado, mirando el tinglado en que se han metido poetas, cantautores, raperos y “amateurs” –ojo, en oposición a “profesional” como aquel que se toma en serio su ocupación- decir algo así como “qué bueno”; y es que los poemas, algunos aunque no todos, puedan serlo… pero piensas en el “halo de estrellas” que les rodea, en lo fácil que les ha sido publicar con tan poca auto-exigencia, puestos todos sus libritos en las estanterías de las grandes superficies…
…por lo menos nos evitaremos que se autodenominen “revolucionarios”, o “underground”… eso ya pasó para ellos: han cogido un tren y no va para San Petersburgo, no va para Palestina… su camino es que les suene la campana en uno de tantos premios, certámenes o concursos y poder publicar, siempre que tengan los derechos de autor –y ganancias- o les puedan dar por culo de algún modo
También es preocupante, a la par que la Universidad se vuelve elitista, que los y las poetas sean en su mayoría licenciados con alguna carrera, como si no hubiera poesía en las reuniones de amigos con estudios de diverso nivel, en las cárceles, los psiquiátricos, etc. La poesía no puede limitarse a “la academia”, como no puede limitarse a la “bohemia” y tampoco a una “disciplina de partido”…
Por lo menos hay un libro de Machado entre los más vendidos en poesía… pero sigo pensando que es desmesurado: las quinceañeras y los quinceañeros ya no comprarán/leerán a Rimbaud o Baudelaire sino a una pobre chalada o a un mentecato que se consideró digno de figurar junto a lo mejor de lo mejor –aunque esto último es un decir: el nivel general también es cuestionable-. Quizá ellos mismos no tienen ni sombra de duda por la calidad de sus libros. Yo también soy poeta y hay veces que no paro de leer y releer porque esto y aquello no me convence; y a día de hoy he conseguido que mis poemas del 2001-2003 “se queden como están”.
Más que pena, da rabia. Porque uno percibe las influencias y quizás es hipercrítico. ¿Es hipercrítico tratarlos de amateurs? Joder, cuánto papel para tan poco
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La desfachatez intelectual

La desfachatez intelectual. Comentario al ensayo de Ignacio Sánchez Cuenca

Por Eduardo Bueno Vergara.

Imagina al típico fulano enterado que de todo opina. Ese señor que pontifica desde la barra del bar sobre cualquier tema mientras la golpea con cada nueva afirmación que realiza. Es el típico cuñado del que ya hablamos anteriormente (enlace).
Ignacio Sánchez-Cuenca, en su libro recientemente publicado La desfachatez intelectual, sostiene que, desde las tribunas de los principales periódicos del país, buena parte de los considerados “intelectuales” se comportan de manera semejante a como lo hace ese señor cuñado que intenta dar consejos y lecciones a diestro y siniestro.
Se trata de, entre otros, los Arturo Pérez Reverte, Javier Marías, Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina, Félix de Azúa o Fernando Savater.
Todos estos autores se caracterizarían por emplear un estilo sobrado y prepotente, aprovechando para ello la autoridad que les ha sido concedida. Sus afirmaciones grandilocuentes no dejan lugar a las dudas o los matices y no dudan en recurrir la ridiculización o el insulto para desacreditar opiniones contrarias.
Bajo ese manto de suficiencia, se escondería un manojo argumentos mal construidos, la reproducción de tópicos facilones y la enumeración de lugares comunes sin ninguna reflexión previa. Enmascaradas dentro de una prosa ágil, encontramos, en suma, reflexiones más propias de beodos tertulianos de Intereconomía o 13Tv.
Las explicaciones de estos “expertos” procederían de una serte de hilo compartido con la intelectualidad patria que se remonta muy atrás en el tiempo y que se resume en un análisis a partir de dos hechos que ellos consideran incontrovertibles y eternos.
  1. Existe una clase política que es, básicamente, imbécil. No hay diferencia entre derecha e izquierda, ni los intereses de clase representados, ni tampoco importaría el contexto socioeconómico momento.
  2. Por otro lado estaría la plebe, o sea, el común de los mortales, movidos por una especie de pulsión cainita que, cada cierto tiempo, nos conduce a matarnos entre nosotros (de ahí las guerras civiles), pero que la mayoría del tiempo permanecemos como españolitos abnegados que soportamos con estoicismo a los políticos imbéciles.
  3. Por encima de estas dos categorías sociales, políticos y españolitos, se alzarían desde una perfecta equidistancia los intelectuales, por encima del bien y del mal, siempre portadores de la verdad, pero nunca escuchados por los políticos ni comprendidos por la plebe.
El lector difícilmente podría diferenciar a Antonio Muñoz Molina de Herman Terschchs atendiendo a sus reflexiones sobre esa especie de eje del mal que conforman el estado de las autonomías, las diputaciones, la ley electoral, los sindicatos, los funcionarios, los coches oficiales, la ignorancia y falta de memoria de la gente y, muy especialmente, el nacionalismo catalán y vasco.
En definitiva, esa mezcla de cuñadismo, falta de profundidad en sus análisis, y también derechización de sus posiciones ideológicas les ha llevado a desempeñar un papel de irrelevancia a la hora de arrojar luz sobre las causas de la creciente desigualdad creciente vivida durante los últimos años.
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"Cuando canta el gallo rojo..."

https://drive.google.com/file/d/0B-pkKo0w5cAkekQ2aEFRQWV0Unc/view?usp=sharing

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Democracia engominada

Por Miguel Ángel Viso Camenforte.


En pleno huracán postelectoral, observo atónito el ataque conservador a asuntos extremadamente superficiales de la izquierda. El circo mediático se convierte en un esperpento total cuando el 18 de enero Intermon Oxfam publica un nuevo estudio (“Una economía al servicio del 1%”) en el que queda plasmado el gran problema nacional y global: la inmensa desigualdad entre una minoría muy rica y una mayoría muy pobre. Centrándonos en el caso español, vemos como el 1% más rico posee tanta riqueza como el 80% de la población más pobre. En el propio informe está las explicaciones a tanta fractura, sin ir más lejos al contemplar que los presidentes de las empresas del IBEX35 ganan 158 veces más que un trabajador medio, en buena parte gracias al sistema fiscal que se ceba con los de abajo y beneficia a las grandes fortunas. Para colmo, los que salen ganando fiscalmente hablando, aumentan continuamente la fuga de sus capitales a paraísos fiscales, como buena muestra de patriotismo de hojalata. Y por supuesto, nadie habla de medidas políticas para tapar la sangría (y a quien lo haga se le tilda de populista).

Los asuntos superfluos tan criticados por los políticos y los medios de comunicación conservadores tienen que ver, fundamentalmente, con dos situaciones lamentables provocadas por los podemitas marxistas-leninistas y admiradores de todo lo bolivariano. Por un lado, la presencia del bebé de la diputada Carolina Bescansa en el Parlamento; por otro, las rastas del diputado Alberto Rodríguez (sí, han leído bien, el peinado). No hemos tenido más que poner la televisión, encender la radio o leer la prensa, para comprobar las horas y la importancia dada a tales pecados. Lo relativo al bebé tiene que ver con la visibilización de un problema que existe en la sociedad y en el mercado laboral, como es la conciliación de la vida laboral con la familiar. ¿De verdad es una falta de respeto tan grande? ¿Ciertamente supone un ejemplo de populismo demagógico intolerable? La reacción desmedida nos permite comprender la gravedad de este problema y lo lejos que estamos como sociedad de superarlo, siendo además una escena repetida, puesto que en 1991 la diputada de IU, Ángeles Maestro, tuvo el mismo gesto. En lo que atañe al diputado por Tenerife tiene que ver con los prejuicios adquiridos por aquellos que llevan décadas controlando el Parlamento, viviendo en barrios “de bien” de espaldas a los barrios obreros y ajenos por completo a la diversidad social existente. La popular Celia Villalobos es el mejor ejemplo con sus insultantes palabras llenas de piojos. La señora que grita a su chófer, que se duerme en el Parlamento cuando no está jugando con el móvil, se atreve a insultar a un nuevo diputado por su aspecto físico.

Lo verdaderamente grave es el uso de estas cortinas de humo para no decir nada de la vergüenza nacional que debe suponer el caso del diputado popular, encorbatado y bien vestido, Gómez de la Serna. Pero los medios desinformativos han logrado anestesiarnos ante la corrupción. Después de los casos Arena, Baltar, Brugal, Bárcenas, Campeón, Cooperación, Emarsa, Fabra, Guateque, Gürtel, Naseiro, Nóos, Over Marketing, Pokemon, Púnica, Taula… no nos sorprende que los mismos engominados de siempre sigan robando. Eso sí, si El Confidencial (“La UDEF investiga a Podemos por financiarse con cinco millones de euros de Irán”), obedece fielmente las órdenes populares diciendo que Pablo Iglesias ha cobrado del régimen iraní, aunque inmediatamente la noticia sea desmentida y argumentada en Público (“El supuesto informe de la UDEF sobre Iglesias no existe, sólo es un encargo de Interior para perjudicar a Podemos”), es obligatorio en las tertulias televisivas desprestigiar a Podemos acusándolos de extremistas, recordar el imperdonable caso de Monedero y apostillar con la beca de Errejón, aunque los presentadores del telediario sepan que “les van a dar pero bien”.

La última cortina de humo, por el momento, tiene que ver con un viaje realizado a Caracas que atañe a una dirigente de Podemos de Castilla La Mancha, a una dirigente de la CUP y al suegro de un etarra. Aquí hay varios puntos por matizar. 1) ¿Por qué no se explica que el Congreso en Venezuela estuvo formado por un grupo numeroso de catedráticos de universidad, artistas y defensores de los Derechos Humanos y derechos sociales de África, Asia y Europa? 2) ¿No será mejor reunirse y dialogar sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos que decir abiertamente en una emisora sobre Errejón y Bescansa: “si llevo la lupara, disparo”? 3) ¿Es casualidad que la noticia salga ahora cuando el congreso se celebró en diciembre de 2014, o tiene fines políticos para la formación de gobierno o electoralistas en caso de repetir los comicios? 4) ¿Es legal que la policía espíe de esa manera a grupos políticos y los agentes reciban un ascenso? 5) ¿Cómo llamaríamos a una actuación semejante de las fuerzas de seguridad sobre la oposición en Venezuela? 6) ¿Si todo votante de Podemos en el fondo es chavista y etarra, qué son la Monarquía y los gobiernos que se reúnen con los jeques saudís? 7) ¿Si España vende armamento que sirve para masacrar a los yemeníes, somos todos los españoles terroristas? 8) ¿Por qué todos los que sueltan la retahíla antichavista no se preocupan públicamente de lo que pasa en Yemen?

Se puede ser de derechas, de izquierdas, independentista o nacionalista español. Lo que no se puede es ser maliciosamente cándido e informativamente inocente. Contrastar información y reflexionar sobre la misma, es lo mínimo que debemos exigirnos para no ser marionetas de los mass media. Estoy cansado de ver a gentes de cualquier ideología y clase social, repetir una y mil veces las mentiras de la oligarquía. Ya está bien de ser los burros que persiguen la zanahoria que les ponen delante sin recordar que cuando vayan a comerla se la quitarán de las narices. Hay quienes acusan a Podemos de marxista-leninista. Yo me pregunto si habrán leído alguna obra de Marx o Lenin. También de bolivarianos. Yo me pregunto si sabrá de donde procede el término y si habrá leído los trabajos académicos, asesores y políticos de Iglesias, Monedero y Errejón sobre Latinoamérica. Me pregunto más cosas sobre Venezuela, por ejemplo, aquellos que denostan el chavismo saben cómo era la Venezuela de los 80 y 90, y qué medidas adoptaron sus gobiernos? ¿Conocerán el Caracazo? ¿Y a Carlos Andrés Pérez? ¿Pensarán que no había violencia, robos, asesinatos, corruptelas, carestía y desabastecimiento antes de Chávez? Es más, si tan horrible es el chavismo por qué los gobiernos de Aznar, Zapatero y Rajoy han vendido armas a semejante régimen? ¿Y por qué ha habido tantas elecciones aprobadas por observadores internacionales? ¿Y cómo es posible que las últimas las ganara la oposición? ¿Y por qué existen tantos medios de comunicación privados informando al mundo de semejante dictadura? ¿Están mejor en Colombia con un gobierno afín a Occidente? ¿Por qué no se dice casi nada de Colombia, o Panamá, Honduras…? ¿Será que en Venezuela hay petróleo y se persigue su privatización? ¿Estos mismos que ven la paja en el ojo de Podemos sabrán cómo era la Cuba previa a la Revolución?

Andaba yo preocupado por los resultados electorales, pero si las críticas que reciben los partidos progresistas (donde no encuentro al PSOE) son estas, considero que hay esperanza en continuar evolucionando en un proceso político capaz de aprobar en el Parlamento medidas encaminadas a rescatar a las personas y, por encima de todo, a reducir por ley las desigualdades económicas disparadas en los últimos años con la tramposa excusa de la crisis. Es difícil, va a ser largo y muy exigente, pero llegará. La sociedad debe despertar de este letargo autoflagelante en el que se condena públicamente a un joven como Alfon por participar en una huelga general, y se premia a un tipo esperpéntico como el pequeño Nicolás con un programa de televisión. O el ejemplo de Ada Colau, a la que se le acusa de quitar el busto del rey Juan Carlos (heredero en la Jefatura de Estado del mismísimo Franco) o de desvincular una misa de las funciones del Ayuntamiento de Barcelona, en lugar de poner el foco en las medidas sociales y la bajada de la deuda llevadas a cabo.

Pese a los grandes argumentos de los “politólogos” Mariló Montero y Bertín Osborne, Podemos no es la Revolución, Podemos no es Chavismo, Podemos no es ETA. Lo que sí consiguen es que una gran parte de la sociedad pase por alto casos de corrupción como el último en estallar en Valencia (Operación Taula). Y esto es lo más peligroso, una sociedad aferrada a sus miserias por temor a ver más allá, acostumbrada a creer sin juicio propio las manipulaciones de los telediarios y reacia a los cambios generacionales.


PD: cinc mil, sis mil, set mil… dos milions de peles.
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Impunidad cotidiana

Por Eduardo Bueno Vergara 

Se abre el telón, unos titiriteros interpretan una función en el que un títere policía coloca a un títere manifestante una camiseta con el lema “Gora Alka-ETA”, representando un montaje policial. Se cierra el telón. Los titiriteros acaban en el trullo. 

Mientras, en Televisión española aparece Bertín Osborne, Licenciado con honores en la Universidad de los Cuñados, entrevistando a la nieta de Franco. Carmen Martínez Bordiú habla con ternura de su abuelito, un entrañable abuelito que cuidaba de su prole; en ningún caso se habla de dictadura, de represión, de asesinato: una lavada de cara en toda regla al régimen franquista en la Televisión pública. 

En otro lugar, Federico Jiménez Losantos, el hombre que escupe odio cada vez que abre la boca, apunta que, por suerte, él no tiene un arma, porque si viera a alguien de Podemos por la calle, le pegaría un tiro. Así, sin paños calientes, pero en este caso no hay atisbos de enaltecimiento de ningún tipo; todo en orden.

En noviembre del año pasado, un buen puñado de iglesias celebraron misas en honor a la memoria de Franco, una de ellas en Alicante. Parece que tampoco hay nada extraño ni delictivo en honrar la memoria de un dictador fascista. Como también nos parece de lo más normal que encontremos entre el callejero de las ciudades nombres de colaboradores del régimen fascista o elementos identitarios del fascismo español. Para hacernos una idea, sería como caminar por Alemania por la calle Hitler, la plaza Goebbles o la Avenida Auschwitz. 

Cuando cae el telón de la libertad de expresión, entre bastidores, se mantiene un doble rasero a la hora de decir qué es violencia y quién puede ejercerla de manera impune. Se establece a quién se debe castigar con una fuerza desmesurada, como en el caso de los titiriteros, al tiempo que otras manifestaciones de las peores Españas, gozan de impunidad y aceptación por parte de algunos. 

Es verdad que, en buena medida, toda la absurda opereta montada alrededor del asunto de los titiriteros forma parte del acoso político y mediático contra Manuela Carmena; esa misma función se representó en Granada sin que nadie se llevase las manos a la cabeza. Pero eso no impide que constatemos que hoy existen dos varas de medir bien diferenciadas a la hora de establecer hasta dónde llega la libertad de expresión para unos y para otros.
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Nueva tanda de poemas

Por Alfonso Rodríguez Sapiña 

VIVO EXILIADO DEL RÍO Y DEL MONTE
tan sólo busco una chica que soporte
que comparta mis nomadismos y mis sedentarismos
que se quede conmigo en la pequeña corte
de un barrio de la periferia
de una pequeña ciudad de mar y desierto
que viva conmigo el arbusto y el camino asfaltado
y que huya al sur o al norte
donde nazca el arroyo, la soledad del valle…

¡lastimada de congoja general!
ante nuestra marcha y la de algunos más
ser exiliado aquí y allá de tu propia prisa
para irte, ver, quizás tocar y después sentirte echado
por vientos de cambio contagiado de alegría

¡de júbilo, de entusiasmo general!
ante nuestra larga estancia y la de algunos más
que han de ser vecinos también
del río, del monte… ¡de todo este vino
claro y denso horizonte!



NEGARÉ LA NORMA
simplemente porque no me satisface
y tomaré ignorante cada pastilla
hasta que nada quede
en mi memoria ni en mis testículos.
Seguiré apuntando al César de turno
con mis flechas de veneno versicular
nada más para negar la norma
con que nos encadenan y nos alienan
para que parezca que esos grilletes
siempre fueron parte de mi cuerpo.

Negaré con mi esperanza todo paisaje
que no implique grito y pancartas
en la calle, baile y besos en la noche
juego y risas para los chavales.
Saldré a ver todo cielo para cantar
resuelto y desafinado y  quizás llorar
¡como si fuera fin de mundo!

Negaré por unas horas o incluso algún día
el sueño si es que así encuentro
algún tesoro aunque no se trate de oro
algún tesoro que nos permita
soñar más allá de un día normal
en que nada pasa… ¿un tesoro como un poema?



10 SEGUNDOS QUE ESTREMECIERON EL MUNDO

¿un “tequiero”?
¿un orgasmo?
¿una estrella fugaz?
¿un puñetazo a la mesa?
¿una nota imprevista?
¿una idea que se pierde en la memoria?



NO ESTÁS PREPARADO PARA VERTE ENTRE PALABRAS
porque ves enemigos
porque ves tus miedos bajo la boca gesticulante
de quienes te amaron o te entorpecieron el camino.
No estás preparado para apuntalar cada verso de otro.
¿Te creías fuerte? ¿o más bien delicado?
Muy hábil debe ser la dulzura
¡casi laberíntica para que merezca unos labios!
¡piérdete, vamos! hasta que sientas un incipiente desmayo
hasta que te pinches con todas las rosas
hasta que deseches la censura sobre tus propios ojos
hacia lo inusitado. ¿Estás preparado?



Tus palabras están hechas para caminar
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Crónicas desde tierras carolingias

Por Dulcinea Tomás Cámara 

A veces Carolina me cuenta las cosas más extrañas, por ejemplo, que sus tíos viven en Isla de Reunión. Sé que es verdad porque sabe dónde queda este destino inverosímil pero no sabe cómo llegaron allí: cuando ella nació, ya estaban, y por eso, para ella están allí desde siempre. En su árbol genealógico, que cuelga en una pared de clase, se desbrozan las alianzas, los rivales y la herencia con la pulcritud de un especialista. Jugando con los códigos del experto figuran su tortuga y su hámster en su descendencia, ella viéndose madre, una gran broma evolutiva en los flecos del último posmodernismo. La niña de siete años que siempre sonríe y jamás protesta se imagina con dos hijos o en el gesto de cuidar asume que ella cumple esa función incontestable. 

Cuando dibujan o se distraen en algo más o menos mecánico, me doy cuenta de que los niños confiesan las cosas más complejas sin censura, o mejor dicho, cuentan todas esas cosas que hacen y nosotros también hacemos pero nunca admitimos. Ellos ni siquiera encuentran la necesidad de justificarse, de hecho a veces tienen la misteriosa resignación de aquel que aún no ha tenido tiempo o razones para desarrollar excusas o heridas que argumenten la maldad de un acto reprochable. Un día Carolina me contó que a veces se enfadaba y decía cosas ya no podían deshacerse. Lo dijo triste, como si soliera pasarle y no supiera aún cómo se amnistían los actos que nos abochornan. 
Intenté decirle lo que me dicen y digo siempre (lo que circula en estas situaciones en el mundo de la adultez, enormemente compasivo en comparación con el de ellos). «Es normal decir cosas que no sentimos a veces, pero la gente que nos quiere sabe que estamos enfadados y que no lo decimos con mala intención». 
Levantó la mirada del dibujo, más seria que antes, como si mi consuelo atacara la dignidad de poder equivocarse y el heroísmo de que otros confesaran su dolor ante una crueldad: «Sí, pero las personas también tienen derecho a que les duela. O a enfadarse». No me acuerdo si insistí o le di un poco la razón. Su enroque fue maestro. 

Y ya no dije más nada: entendí que desconozco el laberinto de la infancia, de porqué se dejan abrazar los niños con tanta calma, de qué piensan cuando ven cosas que no deberían ver, si su tristeza es abstracta o si un capricho otorga más placer cuando se frustra que cuando se conquista. Cuantos más niños conozco, más extraños se me antojan, más frágiles. Y más compasión me tengo, y más ira y más rabia me da ver niños a la intemperie. Niños que ya ni siquiera dan esa guerra que nos otorga la madurez de la paciencia, y que contamos en la oficina con más orgullo que cansancio. Aunque cada día –hacerse mayor es también una progresión de descubrimientos más o menos desgarradores– estoy más convencida de que fuimos nosotros los que siempre le dimos guerra a ellos, esperando parir una generación que viniera con pan y pacifismo bajo el brazo. Pero casi todos los niños nos imitan las recetas: finalmente, la puntería y el pastel les sale casi igual de bueno que a nosotros.



El otro día inventamos países. En el fondo todas mis clases son experimentos para saber a qué edad se empieza a cuestionar las consignas (y no la tarea): por qué países, o naciones, o banderas o reconocerme fuera de este país, y de esta clase, y de este cuerpo. A veces no sé si las causas pedagógicas se me van de las manos y se reducen a un puro ejercicio de exploración por cuenta ajena, de antropología salvaje entre estos nativos encogidos y con la empatía más guardada que el instinto, habitando el desgobierno de las rabietas, dando las comidas y los sueños por sentado. Acariciando pantallas antes de saber qué es una caricia. Yo también hice un país murmurando mis hipótesis fallidas. Los niños dibujaban emblemas con criaturas y colores prolijos, encantados ante la dictadura de pintadas bárbaras ondeando en otros mástiles, y de himnos sin rima, y de comer pizza o hamburguesa a cada fiesta nacional. Los niños no entendieron qué significaba conmemorar. Sólo los adultos tenemos sitios que no existen, donde nos deniegan llorar una lesión social. Los que ganan poseen fetiches diferentes: las victorias se festejan, no se conmemoran. 

El país de Carolina no tiene la bandera más bonita, pero sí mucha información. En el apartado de clima, cada país –que en el fondo emula fórmulas y formaciones conocidas– los niños apuntan “soleado” o “lluvioso”, poco más que el color de las nubes, la temperatura absoluta y la velocidad del viento. Pero Carolina, como sorteando mi consigna inútil y convirtiendo todo en un experimento distinto, escribe lo siguiente: 
«Por la mañana hay estrellas rojas, por la tarde salen astronautas con purpurina, y caen del cielo. Y por la noche caen meteoritos que hablan cartaginés». El traje tradicional del país de Carolina es ir descalzo. 

Pensé que a lo mejor, esta es la manera en que protestan los niños o conmemoran su pérdida frente a un mundo que se les escapa todo el tiempo. Siguiendo nuestras órdenes y subvirtiéndolas con un contenido (o con un sentido), imprevisto. 
A lo mejor por eso tenemos niños y nos enamoran así. Por la respuesta inesperada. Porque jamás sospechan de nuestras preguntas, y por eso nos desafían con esa impunidad hermosa. Porque jamás cuestionan nuestras certezas, que nos crecen sin darnos cuenta como las canas, y nos hacen cosquillas en muelas de juicio de dudoso criterio. Y un día, catalizada por la presencia impertinente y maravillosa de los niños, nos duele la memoria de tanto intentar rescatarnos las ganas de cambiar las reglas del juego a mitad de partida. Con esa maldita libertad, esa rebeldía intuitiva que tiene Carolina para hacer un daño irreversible y que sus meteoritos hablen una lengua muerta, y saber dónde queda Isla de Reunión. En un país que ella se inventa y en el que nadie la obliga a nada. Ni siquiera a ponerse los zapatos. 
Dice la televisión que a diez mil kilómetros de aquí, los niños de una favela le rinden homenaje al país de Carolina, y salen cada día con los pies descalzos. A la intemperie. Sin que caiga sobre sus cabezas más que algún tirón de pelo y deseos que no se cumplen nunca y sin embargo, siguen pidiendo ante cada meteorito con cola de esmeraldas que a ellos les canta en portugués. 
A veces, el país de Carolina es aún más invisible que su Isla de Reunión, donde están sus tíos desde siempre, como los pobres, el olvido, o la lógica de un niño
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08.03.16

Por Nieves Chocano 


En realidad todo parte de la idea de no ser protagonista.
De recordar que somos parte de un todo.
Que la naturaleza habla por sí sola.
Que todo lo demás, lo ha destruido la raza humana.
Que creamos pero, no respetamos, no compartimos y que la esencia se ha olvidado.
Somos mujeres sí, ellos hombres sí. Y??? La igualdad no tiene que  ver con el sexo.
Se llama HUMANIDAD.
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"Hoy puede ser un gran día para imaginar otros colores"

Por Berta Echániz Martínez
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Nos mojamos

Por primera vez en El Perro Rojo abrimos la revista con un editorial que nos posiciona en relación a las próximas elecciones del 20 de diciembre. No somos ingenuos y sabemos de sobra que los cambios sociales no se producen metiendo un sobre en una urna. Para hacer de este país de países un lugar siquiera decente, son necesarios muchos años de recomponer los mimbres de fraternidad,  la base de una auténtica democracia. Son necesarias las reivindicaciones de las asociaciones vecinales, la fuerza  de colectivos de ayuda mutua como la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), el ímpetu de las mareas ciudadanas, las luchas sindicales, las pequeñas revoluciones de cada día... Es también necesario arrebatar el discurso de lo popular a quienes han convertido las tradiciones, la memoria y hasta los festejos locales en un cortijo donde invitar a políticos para hacerse fotos. Se trata, en definitiva, de un largo camino en el que construir un contrapoder que defienda los valores de la mayoría, y que se resume básicamente en cuidar los unos de los otros. 

Es por ello que las próximas elecciones generales no son el final de nada, sino el inicio de algo y, precisamente por eso, son fundamentales. Es evidente que, desde El Perro Rojo, estamos con las fuerzas políticas que proponen un cambio real, y que no son otras que Podemos (Compromís-Podemos-És el Moment en País Valenciano) y también con Izquierda Unida que se presenta como Unidad Popular. Entonces, para el especial elecciones 20D, hemos imaginado qué pasaría si, en lugar de ganar los partidos políticos que despiertan nuestras simpatías, lo hicieran aquellos que no proponen ningún tipo de alternativa al sistema actual: PP, PSOE, Ciudadanos y UPyD.  Esta vez hemos jugado con la ironía y la crítica para trazar una serie de retratos de un futuro hipotético y nada esperanzador, de un futuro que no queremos y por el que, desde estas líneas, seguiremos aullando para que nunca llegue.
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Qué pasaría si… ganara el PP

Era tarde, muy tarde… quizá ya había despertado un nuevo día, pero a ellos parecía no importarles. Estaban sentados en el sofá, juntos, muy juntos… tanto, que compartían aliento. Desde que, a última hora de la noche, escucharan los resultados definitivos de las elecciones, habían permanecido así, con las manos entrelazadas y la mirada perdida en algún punto pixelado de su televisor. 

No. No podía ser, no lo podían creer, debían despertar de aquella pesadilla, se pellizcaron los brazos, él con tanta fuerza, que arrancó un aullido de dolor sincero de lo más profundo de ella, pero ambos sabían que era un dolor que nada tenía que ver con su piel. Ella fue la primera en levantarse. Tenían que idear algo, tenían que hacer algo y tenían que hacerlo rápido. 

No. No podrían soportarlo otra legislatura más, no estaban dispuestos a entregar sus sueños sin oponer resistencia, sin alzar sus voces, sin luchar. No querían olvidar tantos desayunos ilusionantes, tantas risas cómplices, tantos besos apretados… tantos momentos imaginando un futuro distinto, tantos días descubriendo la revolución. 

No. No conseguirían soportar ni uno solo de los comentarios postelectorales que, durante más de una década, habían salpicado sus corrillos: “Si es que… tenemos los políticos que nos merecemos”, “Si es que… la gente es idiota, qué esperabais”, “Si es que… os lo advertí, tanta ilusión, tanta ilusión…toma batacazo, pero mira que sois ilusos”, “Si es que… no se puede confiar en esta sociedad, siempre defrauda”, “Si es que… os lo dije, lo mejor es irnos de este país y dejar que se hundan ellos solitos”. 

Y, sobre todo, no. No podían permitir cuatro años más de desmemorias históricas, de mentiras maquilladas, de humillaciones públicas, de prepotencias elitistas, de injusticias impuestas, de sinrazones, de chantajes, de repugnancias estatales, de mordazas, de manipulaciones sonrojantes, de apropiaciones indebidas, de maltrato social, de despropósitos legislativos, de respuestas huidizas, de seres resbaladizos, de lodazales políticos, de risotadas de unos pocos y lágrimas de muchos.

Por todo eso y por más, pensaron en salir a la calle. No sabían muy bien hacia dónde dirigirse, ni qué fuerza les arrastraba a encaminar sus pasos, pero se abrigaron, cogieron a su perro y, dejando atrás la angustia y la zozobra, bajaron los tres las escaleras. 

No. No podía ser, no lo podían creer, no querían despertar de aquel sueño, se pellizcaron los brazos para comprobar si era real, él con tanta fuerza, que arrancó una carcajada de gozo de lo más profundo de ella, pero ambos sabían que era una alegría que tenía que ver con lo que estaban viendo. Apenas podía distinguirse la calzada, mareas de gentes caminaban unidas, con la misma intensidad, fundidas en un solo paso. Firmes, decididas y valientes. Y entonces… lo sintieron. No importaba que el Partido Popular hubiese ganado las elecciones, porque esta vez el pueblo ya estaba en marcha. No le bastaba con resignarse y lamentar su suerte, había aprendido de sus luchas, estaba orgulloso de sus reivindicaciones y quería más. Era consciente de su esfuerzo, de su poder frente al de unos pocos miserables, y conocedor del camino que quedaba por andar, a partir de ese 21 de diciembre, nada ni nadies podrían pararle.
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Que pasaría si... ganara UPyD

por Ana Martínez Marco


Lunes 21 de diciembre de 2015

UPYD GANA LAS ELECCIONES GENERALES CON MAYORÍA ABSOLUTA

UPyD se coloca a la cabeza del gobierno español tras las elecciones del 20D, en las que ha resultado elegida como primera fuerza política en 11 comunidades autónomas. Tras el recuento exhaustivo de votos, y contra todo pronóstico, la formación presidida por Andrés Herzog ha obtenido el apoyo suficiente como para gobernar con mayoría absoluta durante la próxima legislatura.

Las encuestas colocaban a UPyD 30 puntos por debajo el nivel del mar. Ante la sorpresa, Andrés Herzog, candidato general del partido, y nuevo presidente del gobierno ha declarado: “Los resultados han superado gratamente nuestras expectativas”. Herzog, que tras conocer la noticia, ha bajado a recibir a los medios en el portal de su casa, añadía: “Después de la celebración, debemos empezar a trabajar inmediatamente y dar lugar al cambio que España necesita”.

¿Nos podría decir los nombres de los ministros que le acompañarán en el gobierno? “Necesitamos gente comprometida y responsable en nuestros ministerios, y por ello estas cualidades serán destacadas como requisitos indispensables en la convocatoria que saldrá publicada a primera hora en Infojobs”, anunciaba el líder de UPyD mientras se atropellaban en su smartphone las llamadas de Albert Rivera, Pedro Sánchez, Soraya Sáez de Santamaría, y Pablo Iglesias para darle la enhorabuena y ofrecerle su apoyo.

Ante la pregunta de cuáles van a ser los primeros cambios de su gobierno en España, Herzog ha respondido contundente: “Los españoles estamos a la cola de Europa en muchas materias, y no podemos consentirlo, especialmente en temas como el machismo. Mi objetivo es que España destaque y para ello la primera medida será pintar de rosa todas y cada una de las paredes de Moncloa. Esta iniciativa dará paso al resto de mejoras que tenemos preparadas”.  

¿Podría hablarnos de alguna de esas mejoras?
“Discúlpenme, tengo el Whatsapp hirviendo”, así se despedía el líder electo de UPyD y presidente del gobierno español durante los próximos cuatro años.

Por su parte, Toni Cantó e Irene Lozano felicitan al líder rosa a través de las redes sociales y le ofrecen su amistad por Facebook.
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Qué pasaría si... ganara Ciudadanos

Por Eduardo Bueno Vergara

Viajamos unas semanas hacia el futuro, más o menos hasta mayo de 2016. El partido político Ciudadanos, compuesto por Albert Rivera y un puñado de gente de la que no sabemos nada, ha ganado las elecciones por mayoría absoluta. El nuevo Adolfo Suárez, el yerno perfecto, el pijo de Universidad privada que anuncia relojes caros y no se le entiende cuando habla, se ha convertido en presidente del gobierno. Bueno, en realidad ya no se llama “presidente del gobierno”; desde que gobierna Ciudadanos, ese cargo pasó a llamarse Coach de los españoles. Rivera era conocedor de la importancia de las palabras, por eso inició un proceso de renombrado de instituciones, organismos y cargos para adecuarlo mejor a los nuevos tiempos. De este modo, el Congreso de los Diputados pasó a llamarse Coworking de los Diputados Consultors, el Senado Advisor Consultor Chamber, el jefe de Estado, antes conocido como Rey o simplemente Juancar, tomó el nombre de Managing Director.

No fueron estos los únicos cambios. Una de las líneas fundamentales de Ciudadanos era fomentar la cultura del emprendimiento. Por ello, los pobres dejaron de llamarse pobres y tomaron el nombre de personas con poca capacidad para emprender; a los funcionarios se les renombró como personas con poca capacidad para emprender que viven de tus impuestos y que tienen muchas vacaciones. A los asalariados de toda la vida se les puso el nombre de trabajadores en proceso de emprendimiento; a los autónomos se los llamó entepreneurs; y a los grandes empresarios del Ibex 35 se les llamó entepreneur que todos llevamos dentro.

La Seguridad Social pasó a denominarse lugar para personas con poca capacidad para emprender, (es decir, lugar para pobres, según la antigua denominación), y su objetivo no era curar a los pacientes, sino la reincorporación plena e inmediata al mercado laboral. Las personas que están de manera irregular en España, no tenían privilegio (antes llamado derecho) de asistencia porque, como reza el nuevo Slogan (antes preámbulo) de la Ley Sanidad La asistencia sanitaria es universal para quien pueda pagarla. El copago sanitario se mantuvo, pero bajo el elegante nombre de complemento monetario para la sostenibilidad de los lugares para personas con poca capacidad para emprender.

En cuanto a la enseñanza, los centros de primaria y secundaria se dividieron en, centros para futuros general managers, es decir, la enseñanza privada, y los llamados centros para hijos de padres poco emprendedores, es decir, la pública. La universidad privada pasó a llamarse University for global transactions, mientras que la universidad pública pasó a denominarse Formación Profesional. Las inversiones públicas en I+D+I se han eliminado, pero en su lugar, las inversiones privadas se han multiplicado en I+D+A (Investigación + Desarrollo + Autoempleo). Es verdad que no se va a descubrir la cura contra el cáncer porque no es rentable, pero gracias a la mano invisible que mueve el mercado, los mejores cerebros de nuestra generación han logrado programar más de 15 actualizaciones mensuales del Candy Crush.
Uno de los lemas del nuevo gobierno de mayor éxito


El Ministerio de Educación y Cultura fue ocupado por el ilustre escritor Arturo Pérez Reverte. Su primera medida fue eliminar toda ayuda a los cineastas progres y partidarios “de la ceja”, de modo que en las salas sólo se están proyectando secuelas de Ocho Apellidos Vascos; ahora mismo se está rodando Ocho Apellidos Murcianos, una comedia que habla en clave de humor sobre el choque cultural de una joven pareja, ella de Cieza y él de Villarrobledo.

Uno de los ejes principales de la política de Pérez Reverte fue la recuperación de la Memoria Histórica. Por ello, se explicó a los jóvenes que la Guerra Civil había sido un conflicto entre hermanos y primos que un día se levantaron con ganas de inflarse a hostias como buenos españoles. Un conflicto muy triste en el que todos perdieron y todos cometieron tropelías. El golpe de estado de Franco era inevitable porque la II República era muy inestable y los golpistas no eran fascistas, a pesar de que contaron con el apoyo de Hitler y Musolini. Se erigió una estatua en honor a Juan Linz, quien nos enseñó que Francisco Franco fue una persona autoritaria, pero no totalitaria y que, como todo hijo de vecino, tenía sus días buenos y malos. En cualquier caso, ante la duda, siempre se imponía este principio fundamental: “es mejor no remover el pasado ni reabrir heridas: 100.000 muertos en las cunetas son un buen abono para cultivar la democracia”.

Televisión Española ha realizado numerosos fichajes. Carlos Herrera presenta un programa matinal junto con Mariló Montero. Además han retomado su relación sentimental, algo de lo que nos hemos enterado gracias a los selfies en Twitter que constantemente nos regala la pareja de moda.

Carlos Herrera y Mariló: cómo no quererlos


Álvaro Ojeda es presentador de las noticias y, aunque lleva locos a los técnicos de sonido con tanto golpe en la mesa, su particular visión de la actualidad nos reconforta a todos los españoles. Bertín Osborne conduce un programa de variedades que se extiende hasta la noche, y por el que suelen pasar para ser entrevistados familiares de dictadores de todo el mundo, como muestra de la pluralidad de la televisión pública. Cuando cae la noche se emiten documentales ensalzando las nunca bien ponderadas figuras de Margaret Tatcher, Milton Friedman, Friedrich Hayeck o Augusto Pinochet, que cuentan con la narración de las aterciopeladas voces de Juan Rallo e Isabel San Sebastián. El late night show está presentado por Risto Mejide, quien entrevista a la flor y la nata del liberalismo empresarial español, algo que alimenta el espíritu emprendedor gracias al orgullo por compartir nacionalidad con Amancio Ortega, Juan Roig o Ana Botín.

La vida cotidiana ha mejorado sustancialmente. En las conversaciones de bar ya no se habla de fútbol ni de política. El tema estrella es si se puede ir en coche desde Murcia a Madrid en menos de tres horas. También se suele debatir por ver quién ha conseguido comprar la televisión más grande a un mejor precio. En cualquier caso, aunque todo el mundo se ha vuelto experto en todo, nadie es completamente feliz en los bares, puesto que siempre se comenta un establecimiento en el que las cañas están mejor tiradas y el gin tonic está preparado con enebro o cardamomo o pepino o bayas del Golgi o ancas de rana.

Los cupos de discriminación positiva para mujeres han sido eliminados, pero para asegurar su presencia en órganos directivos, el gobierno estableció la recomendación de que “siempre que sea posible, el General Manager se rodeará de tías, aunque éstas no estén buenas”.

En cuanto a la población que está en el paro, como se ha demostrado que los subsidios desincentivan el espíritu emprendedor, se ha eliminado cualquier ayuda al desempleo. Dado que los cursos de formación han demostrado no ser de utilidad, en lugar de ello se les ha facilitado un garaje para que puedan iniciar su propia startup, lo que les hará valorar la cultura del esfuerzo y convertirse en los nuevos Steve Jobs. Del mismo modo, se les ha hecho entrega de unas tarjetas con frases de autoayuda al más puro estilo Paulo Coelho para sacar lo mejor de uno mismo.

Aprendiendo a emprender en el siglo XXI
No hay clases sociales, sólo españoles y españolas

En aras de lograr la plena integración en la Unión Europea y fomentar el inglés, los idiomas hablados en España distintos al castellano fueron considerados dialectos aldeanos y, desde entonces, todo aquel que quiera hablar Catalán, Eskera o Gallego, debe previamente calarse una boina hasta las cejas como si fuera Marianico el Corto.

La religión basada en un dios todopodero fue considerada una cosa más propia de la Edad Media. De este modo, las fiestas de Semana Santa y en honor a los patronos y patronas locales y regionales han sido sustituidas por la festividad en honor al Sacrosanto y Omnipotente Libre Mercado, que se celebra el 11 de septiembre, conmemorando el golpe de estado de Pinochet contra Allende. La otra gran festividad anual se realizará en alabanza de la Mano Invisible que Mueve el Mercado, que nos recuerda que cualquier intervención de los poderes públicos en la economía es comunismo.

En definitiva, con la victoria de Ciudadanos tras el 20D España se ha convertido en ese país que siempre había soñado tu cuñado.







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